Ojalá pudiera mirar tu carita hasta quedarme dormida
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Yo sabía que no le gustaban las flores normales,
y que tampoco era el tipo de chica,
que le gustaba recibir cosas materiales.
Lo único que sabia era que su color favorito
era el amarillo, así que para hacerla feliz,
además de demostrarle con hechos
cuanto me importaba, opté por regalarle
un girasol todos los días.
No sabía cual sería su reacción,
ni tampoco como iba a actuar conmigo
después de eso.
Pero, por alguna extraña razón,
lo único que pasaba en mi mente, era que,
si había tenido un mal día,
ella al ver el girasol,
con una frase nueva cada día,
iba a sonreir.
Y así fue…
Cuando ella vio el girasol número 365
con mi nombre al final de la frase,
me dijo:
“Me hiciste feliz todos los días del año,
y ni siquiera te diste cuenta. De verdad, eres increíble.”
Aquí estoy, mi amor.
Me siento insuficiente.
